Sábado 25 de Septiembre de 2021

31/07/2021

Ernesto Semán: "La pandemia es el tercer momento épico en el discurso antipopulista moderno"

Fuente: telam

En "Breve historia del antipopulismo", el historiador y escritor se ocupa de poner en juego categorías de análisis con información de archivo que hilvana con un ritmo de escritura ágil y con guiños que aportan ironía y agudeza para pensar un tema como el antipopulismo. "Apenas comenzó la pandemia, Macri dijo que el populismo era un virus peor que el Covid y los dirigentes de Juntos por el Cambio no se han alejado mucho de eso", advierte. 


El historiador y escritor Ernesto Semán plantea en "Breve historia del antipopulismo" que "en la Argentina las élites no vienen a escuchar, sino a hablar" y demuestra con datos, análisis y perspicacia cuáles fueron las continuidades que se enlazaron desde 1810 hasta el gobierno de Mauricio Macri para intentar domesticar a un mundo plebeyo que se empeñaron, y empeñan, en presentar como amenazante.

En un intercambio con Télam, el también profesor de historia en la Universidad de Bergen explica que la tensión entre la pedagogía y la violencia, aunque en formas distintas, está presente en el antipopulismo hasta nuestros días y asegura que en esa cadena de equivalencias que une "gaucho-compadrito-cabecita negra-choriplanero" como tipos sociales antipopulistas, en los últimos años, los "meritocráticos" serían el punto de llegada.

Desde hace unos años instalado con su familia en Noruega, antes Semán trabajó como periodista en Página/12 y Clarín, en el año 2000 viajó a Estados Unidos, donde enseñó en la Universidad de Richmond, y ya no volvió a vivir a la Argentina. Es autor de obras de ficción, historia y política y algunos de sus libros son "La última cena de José Stalin", "Todo lo sólido", "Soy un bravo piloto de la nueva China" y "Hecho burgués, país maldito".

En el texto publicado por la editorial Siglo XXI, el historiador se ocupa de poner en juego categorías de análisis con información de archivo que hilvana con un ritmo de escritura ágil y con guiños que aportan ironía y agudeza para pensar un tema como el antipopulismo que, como señala en las primeras páginas, "sigue hablando en nombre del futuro".

-Télam: Planteás que no hay un solo antipopulismo sino que son varios, ¿por qué?

-Ernesto Semán:
Para entender como llegamos a esta forma de antipopulismo actual, a la que estamos más acostumbrados, que condena al populismo por su potencial transformador. Este antipopulismo ve una amenaza en la forma en la que las masas actúan en política: porque son manipuladas mediante planes sociales, porque actúan en beneficio propio, porque no producen. Y promete salvar a la nación de su crisis a partir de enderezar ese "defecto" mediante cambios en las políticas sociales, en la presencia del Estado, en la promoción del esfuerzo individual. Esta idea recoge críticas al peronismo en el 45 o al radicalismo en el 16 y estuvo en el centro de la campaña de Cambiemos en el 2015. Pero los antipopulismos no fueron siempre eso. Son algo así como canciones muy distintas entre sí pero que comparten un mismo ritmo musical: la crítica a la forma defectuosa en la que las masas participan en política. Ahí se acaban las coincidencias quizás. Por ejemplo, alguien como Maristella Svampa analiza la ola de gobiernos de centro izquierda en América Latina a comienzos de este siglo y ubica al populismo como el elemento conservador de coaliciones más amplias, en las que los líderes populistas están atados a una matriz económica extractivista y le dan poco espacio a demandas de cambio radicales de sectores indígenas o de la agenda ambiental. Ahí, la crítica al populismo no es su radicalidad sino su reformismo. Todo eso hoy parece sepultado bajo una forma quizás más chata de antipopulismo que domina la escena pública.

-T: En esa línea de equivalencias gaucho-compadrito-cabecita negra, ¿pensás que se puede incorporar alguna de las identidades señaladas por el antipopulismo en los últimos años?

-E.S.:
El libro plantea una continuidad "gaucho-compadrito-cabecita negra-choriplanero" no tanto porque sean iguales sino porque son denominaciones, "tipos sociales" que recogen una misma preocupación de las elites a lo largo de los siglos: la de que las necesidades económicas y el desamparo en la sociedad moderna transforma a las masas en sujetos predispuestos a actuar emocionalmente en lugar de usar la razón, e inclinados a entregar su apoyo al líder que les ofrezca beneficios inmediatos y alguna forma de protección. Sarmiento habla de "los hombres materiales" para referirse a los que apoyan a los caudillos, es una definición muy poderosa. Ahora, "gaucho" y "compadrito" son tipos sociales -el primero habitante del campo, el segundo el que está en las orillas de la ciudad- cuyo comportamiento político es consecuencia de su precariedad y del contacto con el mundo moderno para el que no están preparados. "Cabecita negra" y "choriplanero", en cambio, son descripciones más políticas -el primero un simpatizante peronista en los sindicatos, el segundo un kirchnerista cooptado mediante prebendas- que, obviamente, translucen un cuestionamiento social (y racial) muy fuerte. Pero lo que se ve en esos 200 años de evolución es cómo una misma preocupación viaja desde la sociedad a la política y se hace más recalcitrante. Al gaucho lo va a salvar la civilización, pero en el discurso antipopulista actual, el choriplanero es un sujeto casi irredimible, lo mejor que puede pasar con él es que sus opciones políticas o el gasto que implican no sean un obstáculo para el resto de la sociedad. Lo que sería interesante, para completar este análisis, es hacer una cronología de los tipos sociales antipopulistas, en la que probablemente los "meritocráticos" serían el punto de llegada.

-T: "Macri reafirma en el libro la metáfora del populismo como un virus en el cuerpo sano de la sociedad, una figura que ciertamente clausura el debate político y revitaliza una derecha agonística" escribiste sobre el texto del expresidente. ¿Creés que la pandemia habilitó la posibilidad de actualizar su liderazgo o lo alejó de su capacidad de proyección?

-E.S.:
No tengo dudas de eso: la pandemia es el tercer momento épico en el discurso antipopulista moderno. En la narrativa de Cambiemos hay un primer momento fundacional que es el 2001: en el relato de sus dirigentes, la crisis del 2001 los mueve a dejar el confort de sus empresas, los salarios del sector privado o la vida en el exterior para volcarse a la vida pública y contribuir al interés general que la política parece haber perdido. Su segundo momento heroico es el 2008 y la reacción a la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de imponer nuevas retenciones al agro: ahí, la épica es un poco más visceral y confrontativa, y está puesta en enfrentar a aquellos (los populistas) que con sus políticas amenazan con destruir el futuro del paísc Macri ha decidido que la pandemia sea el telón de fondo de un tercer momento: una especie de cruzada final contra el populismo y por la libertad. Hay un salto conveniente, el de eludir su gestión, pero me parece que el punto es otro. Apenas comenzó la pandemia, Macri dijo que el populismo era un virus peor que el Covid y los dirigentes de Juntos por el Cambio no se han alejado mucho de eso.

"Macri ha decidido que la pandemia sea el telón de fondo de un tercer momento: una especie de cruzada final contra el populismo y por la libertad. Hay un salto conveniente, el de eludir su gestión".

Ernesto Semán


La pandemia, y las políticas diseñadas para enfrentarla, concentran todos los temas sobre los que se apoya hoy el antipopulismo: la lucha por la libertad individual aún a riesgo de erosionar el bien común, el riesgo de otorgarle demasiadas atribuciones a un Estado que puede convertirse en autoritario, la defensa de la actividad económica como motor de la sociedad. La primera intervención de Macri en pandemia fue su diálogo con Alberto Fernández para solicitarle que las medidas que tomara no afectaran demasiado a las empresas. Las últimas declaraciones enfatizan que las elecciones son algo así como el comienzo del fin del populismo, una especie de prueba de fuego. Más allá de cuál sea el rendimiento electoral de este planteo, sin duda anticipa un futuro más frontal y con poco margen para desacelerar las confrontaciones con el gobierno.

"Más persistente se muestra el populismo, más se redobla la violencia"


Ernesto Semán evidencia que el antipopulismo es previo al peronismo y también lo excede pero sobre cómo leer los lazos de ese movimiento con la incomodidad que produjo, y lo sigue haciendo, en las elites argentinas también habla en esta entrevista con Télam, en la que asegura que "cuánto más persistente se muestra el populismo -ya sea la adhesión a Perón, o el poder de los sindicatos o la demanda de mejores condiciones de vida de los trabajadores-, más se redobla la violencia y la idea de la eliminación se impone por sobre la transformación".

"Ni desesperados ni arrinconados: lo que Perón y los trabajadores están produciendo es la denuncia de un orden injusto, abriendo las compuertas para redefinir qué es una sociedad justa", escribió Semán en uno de los once capítulos de "Breve historia del antipopulismo".

-T: Señalás que a partir de 1976 la amenaza antipopulista es un legado que deja de estar atado al peronismo y pasa a ser propiedad de las clases bajas en su conjunto. ¿Cómo creés que leyó eso el peronismo mucho después?

-E.S.:
Se me ocurrió escribir este libro en el 2017, cuando vi en video en el que la policía reprimía a los trabajadores de Pepsico en la provincia de Buenos Aires y el comisario le gritaba a los miembros de la comisión interna: "No vengan acá a hacer populismo". Ahora, los de la comisión interna eran trotskistas, de izquierda, y no tenían ninguna vinculación visible con el peronismo, de hecho eran muy críticos. Pero el grito del comisario era claro, "no vengan a hacer populismo" quería decir "no vengan a hacer quilombo". Ese carácter plebeyo de la acción política desde abajo, demandando derechos sociales específicos aparecía ahí emancipada del peronismo. Y si te ponés a pensar, por ejemplo, ¿Cuándo fue la última vez que el Partido Justicialista, como institución, promovió una candidatura presidencial identificada con un desafío al status quo asociado a la expansión de derechos económicos y políticos? No fue el caso en el 83, el 89, el 95 ni el 99. El kirchnerismo nunca fue una opción del PJ, más bien fue algo con lo que tuvo que convivir en tensión durante 12 años. Y la candidatura de Alberto Fernández en el 2019 es un acto de creación de Cristina Kirchner más o menos impuesta sobre el PJ por ella, por la necesidad y por el sentido común. El PJ es una maquinaria política formidable, pero la preocupación del antipopulismo pasa más bien por un legado del peronismo en la forma en la que trabajadores, desocupados y el heterogéneo mundo de "lo popular" no se somete fácilmente a las reglas de juego impuestas, como aquellos trabajadores de Pepsico. De ahí que el antipopulismo pueda pensar al PJ, o partes de éste, como potencial aliado en la tarea de disciplinar a la sociedad. La candidatura de Miguel Ángel Pichetto junto a Mauricio Macri en el 2019 fue la última expresión de ese esfuerzo.

-T: Marcás una diferencia entre el golpe del 30 cuando los jóvenes nacionalistas entran al domicilio de Yrigoyen y vacían sus alacenas y critican sus bebidas alcohólicas y lo que sucede en el 55, cuando los que entran a la habitación de Perón son los integrantes de las Fuerzas Armadas. ¿Por qué es clave el golpe del 55 para la identidad antipopulista?

-E.S.:
La principal diferencia es que esa escena de los militares saqueando el cuarto de Perón sucede pocos meses después del bombardeo a Plaza de Mayo, redondeando la transformación de la violencia política antipopulista en algo así como un recurso institucional y legítimo. Ahí hay cambio en el sentido de que la esperanza en "corregir" el accionar de las masas, de purgarlas del pecado populista, empieza a perder espacio frente a la idea más virulenta de la "eliminación". Ese giro está en la base de la radicalización de la violencia política de derecha, tanto liberal como conservadora, de las dos décadas siguientes, culminando con el golpe militar de 1976: cuánto más persistente se muestra el populismo -ya sea la adhesión a Perón, o el poder de los sindicatos, o la demanda de mejores condiciones de vida de los trabajadores-, más se redobla la violencia y la idea de la eliminación se impone por sobre la transformación. Esa tensión entre la pedagogía y la violencia va a estar presente en el antipopulismo hasta nuestros días, claro que de formas distintas.

"La libertad sigue asociada a una experiencia individual", afirma Semán


En "Breve historia del antipopulismo" el recorrido por los datos históricos permite poner el foco en la agenda política contemporánea para resignificar propuestas y volver a los planteos que circulan en tiempos de campaña electoral pero no para tomar distancia de la discusión sino para entusiasmarse en la intervención pública.

Sobre cuáles son los desafíos ante la instalación del tercer momento épico en el discurso antipopulista moderno, como caracteriza Ernesto Semán a este tiempo histórico, el escritor, historiador y docente también habló con Télam.

-T: Al analizar el triunfo de la derecha antipopulista decís que hay dos ideas que se apropiaron: la de libertad y la de futuro. ¿Cómo ves hoy, a poco tiempo de las elecciones legislativas, esa apropiación?

-E.S.:
Es difícil saberlo teniendo la elección encima, pero quizás eso no cambió mucho. La libertad sigue siendo asociada a una experiencia individual, "opuesta" a la acción colectiva y a la comunidad, lo cual es una mirada muy restringida, que deja de lado la experiencia libertadora del bienestar general, entre otras cosas. Pero sigue siendo dominante, es difícil ver candidatos del oficialismo defender sus políticas en términos de "libertad". Y el antipopulismo sigue anclando sus propuestas en términos cronológicos, como un esfuerzo descomunal que hay que hacer en el presente, una serie de sacrificios a la que la gente tiene que someterse para ver un futuro mejor, aún si de todos modos ese futuro nunca llega. Es interesante ver el "otro lado" también: María Esperanza Casullo, que escribió un gran libro sobre el populismo, sostiene que a veces el populismo resigna la idea de futuro, lo cual es una ruptura con lo que fue por ejemplo el primer peronismo, cuya identidad era muy poco nostálgica del pasado e invitaba a mirar hacia adelante. Hace poco, Alejandro Galliano también decía que hace 40 años que la izquierda no tiene una idea de futuro. Son cosas que hay que tener en cuenta. El contexto actual, muy distinto, por ejemplo, a la elección del 2011, hace difícil imaginar un cambio en esta perspectiva.

-T: Al acercarte al presente, sostenés que el legado de los 4 años de macrismo no fue solo la derrota, sino también la corroboración de que el triunfo era posible. ¿Cómo ves en este escenario la proyección de liderazgos como los de Horacio Rodríguez Larreta o Patricia Bullrich?

-E.S.:
No sólo de que el triunfo era posible sino de que se puede construir un movimiento sólido alrededor de una identidad explícitamente antipopulista. Eso es nuevo. Para mí, el dato más sobresaliente de la elección del 2019 es la capacidad de Macri de retener un 40 por ciento del electorado en medio de una debacle política y económica. Otros lo han hecho: Eduardo Angeloz obtuvo algo parecido en el 89 como candidato radical en medio de la hiperinflación, pero en su mayoría eran votos partidarios, gente que adhería a la UCR quizás desde hace décadas, con una lealtad inquebrantables. Macri obtuvo incluso más que eso al frente de un movimiento nuevo, sin tradición pero además forjado alrededor de un clivaje social e ideológico muy definido. El desafío que se les presenta a candidatos como Rodríguez Larreta o Bullrich es optar entre dos formas de leer las consecuencias de un discurso antipopulista casi extremista como el de 2019: si se lee al antipopulismo como algo que permite construir consensos extensos y casi a toda prueba como fue en el 2019, o si se lee que aquellas formulaciones permiten acumular mucha potencia, pero le ponen un límite a la construcción de una mayoría nacional. Claro que en una elección legislativa habrá que ver también cómo esa lectura cambia en cada uno de los distritos.

Fuente: telam

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